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una ciudad cananea unos cuantos hombres, para tomar- la;mas apenas se arrimaron 4 sus puertas, fueron ahuyen- tados y derrotados; despavorido el vulgo, afligido el cau- f % dillo, derretidos los corazones de los soldados, se postra _ Josué y ruega al Sefior lo ayude en tan nefando suceso, pues no conocia la causa de la derrota habiendo media- do una promesa formal ; asi oraba, cuando la voz del cielo le hizo conocer Ja causa de sus desgracias; el pueblo ha= bia prevaricado por haberse apropiado bienes que el Se- fior habia condenado al exterminio. Peccavit Israel. No busquemos otro motivo de nuestra eterna ruina; Dios quiere salvar & todos los hombres; mas ¢c6mo? Cum- pliendo los hombres la voluntad que Dios tuvo al predes- - tinarlos para que fuesen santos y sin mancilla; si la he- chura de las manos divinas se pierde, no es culpa del | ‘Dios misericordioso. Cuando un artifice labra una estatua monumento de su pericia, si la casualidad 6 los elemen= tos la deterioran, la vuelve 4 reformar; si los hombres ignorantes la tiranal suelo, la vuelve 4 levantar ; y cuan- do ya no hay material en que pueda entrar el cincel, la abandona, no sin un amargo pesar por ver perdida para siempre la obra favorita de su arte. Otro tanto sucede con el soberano Artifice y el hombre. 4Podia Dios hacer mas con el hombre que retratando en él su imagen y se- mejanza? ,Pudo ser mds generoso que ddndole un alma capaz de amar 4 Dios y de gozar de su bienaventuranza? _ 4No esculpié en esta alma, como enel marmol del santua- rio, las leyes del amor divino? Pues bien, seiores; el mismo hombre encontré, en su malicia elementos de diso- lucion; como furioso vendaval que arrolla cuanto halla en su paso y arrumba entre escombros las bellezas del arte, este hombre. desencadené contra si mismo cuantas furias habia, y se delerioré toda su hermosura; celoso Dios de que permaneciese en pié su obra mas amada, le- vantdé esta estatua decaida de su grandioso~zécalo, la

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