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corto en su permanencia, que apenas le es permitido ni _ Aun echar sobre ello una débil mirada. gPodra, pues, el hombre entrar en el santuario delarazon divina? ,Podra — comprender jamas el por qué de las obras del Altisimo? No; porque no existe la debida proporcion entre Dios y el hombre para que éste comprenda 4 Aquél con perfec- cion; un infinito sélo podra ser comprendido por otro in- finito; y dos infinitos no pueden darsé, porque el uno excluiria necesariamente la existencia del otro. _ Mas la verdad que yo investigo no se encuentra entre confines tan remotos; el numero de los réprobos es infi- _ nito, y la razon de esta infinidad tanto la veo en los atri- butos de Dios como en las acciones del hombre; Dios obra siempre en conformidad con las leyes eternas, ni puede salir de lo que ellas imperan sin dejar de ser San- to por esencia; el hombre, que tambien es un sér activo — y laborioso; el hombre, que tiene esencialmente impresa en su alma esta misma ley eterna, gobra acaso en con- formidad con esta ley y sus maximas? Apelo 4 la propia experiencia de cuantos me oyen; llamo a este tribunal & todos los hijos de Adan, y un no universal ha de oirse, en el cual quede justificado Dios en todas sus obras; esta respuesta, necesaria en la mayor parte dela humanidad, nos conduciré ante las gradas del tribunal de Dios; exa= minaremos uno por uno 4 cuantos hombres se presentan en ellas para oir el fallo del Juez, y comprenderemos en- tonces que si el numero delos condenados es infinito, de- pende de que Dios no puede ménos de obrar en armonia con los principios eternos; de lo que resulta una verdad. infalible, y es que ningun hombre oye el decreto de su condenacion eterna sino por haberla 61 motivado con» sus acciones disconformes a la ley que tiene impresa en si mismo. Sin un prévio decreto nadie puede ser prodastingiie al cielo ; ésle existe desde la mas inconcebible eternidad;

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