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RIT ers ‘que ha de ser por toda la eternidad. ; Misterio inapeable! No habiendo, pues, para el hombre mas que estos dos ex= tremos, cielo 6 infierno, no siendo voluntad de Dios que alguno se condene, habiéndonos elegido 4 que fuéramos sus hijos de adopcion por Jesucristo, gen qué consiste -que es tan corto el ntimero de los predestinados? {Por qué el abismo tiene siempre abiertas sus horrendas fauces para tragar sin cesar las victimas que arroja en él la ira divina? ;Ah! Libreme el cielo que busque yo en Dios el principio de nuestros males; sdlo la libertad del hombre, "que abusa de esta nobilisima prerogativa, es el fecundo — _ 6 inagotable manantial de nuestras desventuras; Dios tiene preparada una corona para quien lo ama; Dios tie- ne tambien preparado un infierno para quien lo menos- precia. ;Ay qué dolor! Bien & pesar mio tengo que pronunciar en este dia una sentencia terrible contra algunos de los que me escuchan; yo mismo ignoro si seré del numero de los predestinados al cielo; pero quizas hay entre vos= otros muchos que estan escritos en el libro de los répro- bos. Os voy a descubrir una verdad, que debe llenarnos de terror, una verdad que puede influir directamente en vuestra elerna dieha; quiero presentar en ella al justo un — motivo para perseverar, y al pecador otro para que se convierta. Es de fé que Dios ha criado 4 todos los hom- bres para el cielo; es de fé que existe un infierno eterno para el pecador que muere impenitente ; es de fé que la predestinacion dla gloria y 4 la gracia es puramente gra- tuita; es de fé que nadie alcanza Ja corona de justicia si no corresponde 4 la vocacion de Dios ; es tambien de fé -que el ntimero de los réprobos es infinito. Entre tantas ‘ verdades infalibles, yo quiero deducir una, que tambien lo es, y tomarla por asunto de mi discurso: «Ningun hombre es reprobado y condenado sino por sus propios - crimenes. >

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