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i. 316 ‘ ; hombres! ;Ah! Y todo esto no es mas que un engaiio; marmoleada fachada de un hospital que engafia al via- jero, pues dentro no hay sino ruinas, verjel delicioso puesto de intento en la entrada de una horrible soledad. Junto 4 esta opulencia se halla la mas espantosa desola~ cion; para un palacio de la sensualidad hay mil chozas de la miseria; miéntras unos se solazan en festines de profusion, muchos miles no han tenido un mendrugo de pan con que matar el hambre; las damas arrastran el vestido con franjas de oro, y los desgraciados harapien= tos tienen sus carnes 4 la inclemencia. ;No miento! Salid 4 vuestros suburbios, y lo vereis; alli vereis 4 muchas madres sentadas en la triste cabafia , rodeadas de infelices criaturas que alzan sus manos pidiendo pan en vano , sin tener quien se lo parta: estacionad un dia a las puertas del depdsito de nuestras cenizas, y vereis que un cada— ver es conducido 4 la tumba con un lujo que no conocen ni los mismos hijos de Pekin y de Ispahan, miéntras otros muchos van alld envueltos en una sabana inmunda, y quizas sin haber tenido quien les cierre los parpados. 4En qué se invierten, pues, las riquezas tan decanta- das de nuestro siglo? Quizas, en su millonésima parte, en hacer alguna dadiva filantrépica, que se publica 4 son de clarin; quizas en alguna solemnidad donde mas parte tenga la ostentacion que la Religion; quizas en algun compromiso de que no pueda salirsé por miras de socie- dad. 4Y lo demas? En lujo, en juegos, en diversiones, . en bailes, en teatros, en convites y en disolucion ; se va - 4 las representaciones; alli un histrion hace el papel de un desgraciado cargado de cadenas, victima del hambre, y conmueve con sus ademanes y palabras el corazon de muchos miles de concurrentes; se sale del escenario, sé ve la realidad quizas al salir del vestibulo donde se acaba de ver el fingimiento, y el necesitado queda necesitado, el harapiento harapiento, el afligido afligide.

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