BCCPAM000591-3-10000000000000

= Bie 3 ee be Ee ; 313 nado, que seguramente no podra mudar ni un Apice de lo que Dios ha ordenado en 6rden 4 nuestra salvacion. El hombre tiene dos medios de regeneracion : el bautis— mo, en el que sin trabajo por parte suya se le reviste de la blanca estola de la inocencia ; la penitencia , por la cual recupera lo que ha perdido; pero advirtamos que én la primera regeneracion se le perdona al hombre un pecado que 61 no ha cometido , sino heredado: no sucede asi en la segunda ; los pecados personales son obra propia del individuo; el alma ha puesto sus deseos en la carne, ha adorado & la criatura, ha despreciado al Criador; el cuerpo ha servido 4 la corrupcion como instrumento de iniquidad: ,puede repararse tanto crimen sin que el alma se humille en la contricion, sin que aborrezca el vicio, sin que ame la virtud y sin que el cuerpo sea domado con la penitencia, ya que de consuno el uno y la ‘otra han pecado? 4 Puede el hombre obtener la remision de sus culpas sin que le precedan, le acompaiien y le sigan la oracion, las obras de caridad y el ayuno? No; la penitencia , dice el sublime Agustin , es un bautismo de lagrimas , en que la misericordia de Dios tiene que en- trar 4 la parte con Ja justicia ; aquella perdona por los méritos de Jesucristo , mas ésta ha de quedar satisfecha con la cooperacion del pecador. Mas ;qué dolor! los hombres penitentes no existen sino en las paginas dela historia; son el objeto de la ad- miracion para unos, causan risa y desprecio 4 otros, y, lo que es peor, hasta sirven de tema para composiciones dramaticas, representindose sus austeros modales y con- tinente religioso por los histriones disolutos , sin rubori- zarse la generacion ilustrada de esta edad de ver 4 los per- sonajes del Santuario y de la soledad junto 4 la intrigante concubina, 6 la esposa infiel, 6 el hijo desnaturalizado. Esto pasa en nuestros dias; quedaba atin al mundo, eman- cipado de las antiguas penitencias publicas , un medio

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz