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' 312 “ron entregados al hombre para que en particular los practicase, convenciéndole de la necesidad de estos me- dios para volver 4 la amistad divina despues de haberla ofendido; sdlo el hereje publico, el escritor inmoral 6 impio, el escandaloso, que han ocasionado las ruinas de las almas, estan obligados 4 la publica reparacion de los males causados, por la razon de que se les ha de juzgar, segun la ley del Talion, de dar alma por alma. Mas entre tanto, la expiacion de los crimenes ocultos debia ser oculta; el que mil veces ha perdido el honor ante los ojos divinos por sus multiplicados excesos, lo conserva entre los hombres sin necesidad de vestirse piblicamen- te del sambenito de pecador. 4Hacemos uso de esta conducta benigna de la Iglesia? sNuestra vida, es acaso la de un penitente? No quiero buscar en los cristianos del siglo x1x las penitencias de los tiempos primitivos , las maceraciones de los solita= rios de la Tebaida, la austeridad de los monjes antiguos: los cilicios y el saco se han divorciado con las costumbres de nuestra edad ; siun hombre austero se presenta hoy dia en los salones del mundo, es tratado de suicida, porque no se regala como los hijos de la sensualidad. Sin em- bargo ,:amados mios, yo me veo precisado a publicar una verdad infalible, aunque me comprenda 4 mi mismo: el que ha tenido la desgracia de ofender 4 Dios entre- gandose 4 los placeres y goces de los sentidos, si ha de ser enteramente perdonado, es preciso que satisfaga 4 la divina Justicia con la penitencia ; si su vida fué empleada en la abominable lujuria; si se han pasado los aiics en comidas regaladas; si los,sentidos no han escaseado nada de cuanto pedia su apetito, fuese 6 no contra la . ley de Dios, es indispensable el freno que contenga, la penitencia que oprima , los ayunos que maceren , diga el mundo sensual cuanto quiera en su alucinacion , llame a la penitencia suicidio y al penitente hombre enaje- 2 Se Soir jap Nacsa So ie os ge ee ate

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