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Todo esto nos deseubre que si la gracia divina tiene gran — eficacia para salvar al hombre, la pervicacia humana es. tan tirana, que ahoga todos los gérmenes de virtud que el cielo siembra en nuestro espiritu. Como estoy hablan- do al pueblo catdlico, no puedo ménos de decirle lo que ha pasado en su seno. : ~ Los tiempos de oro del Cristianismo tuvieron su her- rumbre; en Jas edades posteriores hubo hombres inmora- _ les. San Pablo se quejaba ya en su tiempo de los incestos. y adulterios de los fieles. de Corinto; les echaba en cara: sus disensiones intestinas, los partidos y las facciones, Santiago reprende la conducta de muchos creyentes que tenian una fé sin obras, un corazon sin compasion; mas tarde vemos las leyes de los Concilios sobre los relapsos, y desde el primero que se celebré en Jerusalen hasta el tilti- mo que reformé las costumbres en el siglo xv1, no ‘vemos sino ab usos corregidos , vicios reprendidos, avances con- tenidos, medidas sébias adoptadas, remedios saludables aplicados contra Jas pasiones y el error. Esto es induda- _ble; decir que alguna vez hubo siglos de oro sin que se conociesen los vicios, seria desconocer el caracter del hombre, que resiste 4 toda gracia y abusa de lo mas san- to; decir que hubo algun tiempo sin que la virtud tu- viese verdaderos secuaces, seria negar la Providencia, - que ha cuidado siempre de poner al frente del mundo perverso y criminal ejemplares y modelos de piedad.y de religion. .. Hubo siempre pekadneth que faltaban ala ley de Dios; pero 4 quién no se estremece al Jeer lo que hacian los pe- cadores de los tiempos antiguos para reparar con la pe- nitencia la inocencia perdida? Aqui se ceiia uno con un saco de burato, se cubria con cilicios, y con una soga al cuello permanecia arrodillado ante el vestibulo del: tem- plo sin atreverse & asistir de cerca 4 las solemnidades religiosas; y miéntras el cristiano con aire modesto iba ple 3. suit i
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