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307 & saraos y teatros, las lecturas irreligiosas é inmorales, Ja sustraccion al suave yugo de la autoridad paternal, el -desprecio de los consejos amorosos de una madre,” la emancipacion de las doctrinas, y ;qué sé yo cuantos eri- menes forman el triste cuadro de la juventud del hom- bre! Pareceré que*esta pintura tiene colores demasiado oscuros; yo no la he buscado, sin embargo, en el seno de los pueblos iddlatras, ni entre aquellas naciones del an- tiguo mundo que entre los elementos de educacion pri- maria daban 4 sus hijos lecciones de maldad y prescri- bian 4 sus doncellas el sacrificio de su pudor en honor -de una divinidad lujuriosa. Cuanto he pronunciado es la mas exacta resefia de lo que da de si el corazon humano, inficionado en la malicia que 6] mismo descubre, destru- "-yendo la inocencia con que aparece en el horizonte de la vida. Mas tengo que decir atin,iduebisntone tocado la suer- te, quizas la desgracia, de vivir en el siglo de la incre- -dulidad; hoy dia no parece sino que la atmésfera se halla impregnada de una pestilencia moral, que se introduce en el hombre con los mismos alimentes que sostienen su > vida. ¢Quién es capaz de ponderar el exceso de Ja mali- cia humana en estos dias de prevaricacion universal? 4Cudndq se habian visto nifios de doce aiios escalados — ‘sobre ruinas, y teniendo en una mano la sanguinaria ban- -deray en otra Ja espada enrojecida, animando 4 los tigres humanos 4 devorar 4 sus contrarios, 4 saciarse en su san- ‘gre? 4Cuando presenciaron los hombres de las edades pasadas la dolorosa escena de ver 4 un jdven de tres lus- tros, ora introduciendo en su propio corazon el acero: ‘suicida, ora enterréndolo en el pecho de una persona -adorada poco antes? gQuién vid jamas esa tendencia , que hoy reina universalmente en la nifiez y juventud, de emanciparse de las leyes religiosas y civiles , de sacudir l yugo doméstico, de no respetar ni progenitores, ni v

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