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de la razon, y los objetos mundanos se presentan 4 nuestra vista del mismo modo que registra el viajero, al despun— tar del dia, las bellezas de un horizonte tenido en la albo- rada con las escasas luces de la aurora risueiia , esclare- cido al poco con las rafagas del sol, y abrasado despues con sus ardores ; vemos los tesoros de la tierra, registra— mos las hermosuras de la creacion, oimos los inventos _ de la vana curiosidad humana, nos lisonjea la adquisi— cion de la gloria del mundo , nos halaga Ja carne con sus regalos, van entrando en nuestro corazon la envidia, la -emulacion , el deseo delucir y de agradar; y como suce- - de 4 una fortaleza bloqueada insidiosamente, se nos toma por asalto la mas preciosa prenda que hemos recibido del cielo; cae prisionera la inocencia entre. las manos del mundo adulador, y es condenada al exterminio, Hacemos enténces el primer sacrificio de nuestro corazon, y se lo ofrecemos al mundo en sus mil y mil aras que tiene eri- gidas 4 la inmoralidad, 4 la disipacion y al vicio. jAh! jCuantos hombres inauguran el curso de su vida con cri- menes atrevidos! ;Cuantos hacen que una edad infantil, que debiera brillar entre las luces de la inocencia como el lucero de la mafiana, se vea anublada por negros tor- bellinos, nada propios de Ja travesura de la juventud, an- tes hijos de una malicia consumada! La naturaleza no tiene fuerza para consumar el pecado, y ya la malicia del hombre ha subido hasta la refinacion del libertinaje y hasta lo nefando de la orgifa. Preguintese cada cual 4 si mismo ; abra el negro cua- derno de su historia, y estoy seguro que la primera pa- gina apenas tiene una linea consagrada al Criador; al poco aparece la mentira, el fraude, la desobediencia, la impudicicia, los juegos peliados con un manto fomentiap : de inocencia, pero condimentados ocultamente con la sal de la iniquidad; mds tarde aparecen las intrigas amo- rosas, las correspondencias hibricas, las concurrencias Ee tigen I fps ie ee eee pe

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