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Dios; profano, él ha ofrecido en las aras de Sion sacri- ficios 4 Jupiter; barbaro, él ha degollado hombres ino- _centes ; tirano, él ha consumido con atroces tormentos a a los hijos de Juda; en su mismo lecho Dios lo visita con 4 remordimientos ; pero de nada le sirven, sino para morir obstinado. ;Oh amable Jesus! diré: gcudnto hiciste por Judas? 4 Referiré las miradas amorosas que le dirigiste en la Cena, aquel carifio con que le hablaste antes que consumase la traicion, aquella ternura con que te arro- jaste 4 sus piés y se los lavabas y se los regabas con 7 tus lagrimas, aquellas razones capaces de hender un ‘ pedernal? Cuando estabas postrado 4 sus plantas , no le- decias: «Judas, apdstol mio, gqué mal te he hecho para que me odies? 4 Qué injuria has recibido de mi para que me vendas? Si te he ofendido , perdéname ; aqui me tie- - nes 4 tus piés ; no me vendas, que soy tu amigo ; no me ultrajes , que soy tu Padre; no me desprecies, que ma- fiana voy 4 morir por ti;» y con todo esto, Judas se endurece, vende 4 Jesus, y muere obstinado, cono- ciendo , como dice San Agustin, el pecado cometido,y no queriendo reconocer el precio de la sangre divina con 7 que fuera rescatado. (Jn Psalm. txvui, Concion. 2.") Si la humanidad ha podido gloriarse de sus esfuerzos. gigantescos en las ciencias naturales, debe sus primeros elementos 4 esa gran turba de sabios que pululé Grecia. y Romaen sus siglos de oro, y el Egipto en los primitivos. ‘ 7Qué ideas tan profundas no se encuentran en aquellos. _ oradores del Aredépago y en los jurisconsultos del Foro! iCémo hablan algunas veces de la Divinidad! ;Cémo pin- tan en sus poemas las recompensas del justo en la vida venidera! ;Con qué viveza delinean el horrible cuadro del , Tartaro, encarnizado eternamenie en sus victimas, dando. 4 cada una el castigo correspondiente & su pecado! ,Y se aprovecharon de estas luces los filésofos que las ensefia- ban'y los pueblos que las oian de sus labios y las veian. Ba Wii i

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