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luntad inficionada, x seaattans prpralacdtin en mu— chos hombres sobre el espiritualismo, la carne sobre el espiritu, lo presente sobre lo futuro, la adoracion de la criatura sobre la-del Criador, y en consecuencia el in- fierno sobre el cielo. Piedras cuadradas y enormes eché Adan en el camino del cielo; mas tanto 61 como sus hi- jos, gno podian acaso pasar por entre ellas, y prevalecer contra el dspid y el basilisco, que hicieran sus madrigue- ras en sus céncavos senos? La gracia de Dios fué pre- sentada 4 todos los hombres por la encarnacion del Ver- bo; con ella podian vencer las dificultades, superar los obstaculos y arribar al cielo, iY no es esto suficiente para ‘alana’ Con la encar- nacion del Verbo divino, 4no queda perdonado todo el reato de la culpa de Adan? jNo son.nuevamente llama- dos los hombres 4 la gloria, con-sola la condicion de ad- quirirla con mas trabajo? Oigase con atencion Ja doctrina que sobre ésta materia ensefian Jos santos Doctores. «El que afirme, dice San Préspero, que Dios no quiere que se salven todos, sino un cierto niimero de predestina- : _ dos, habla con-una dureza atrevida, que no conviene a Ja gracia de Dios; de todo el mundo, todo el mundo-es elegido; de entre todos los hombres, todos los hombres son: _ escogidos.»—«La voluntad de Dios, afirma San Agustin, eS que todos se salven, y ésta es invencible; si los hom- hres’ desprecian los dones,de ‘su misericordia , experi- mentardn la fuerza de su poder justo; y asi es siempre cierto que la voluntad divina es invencible, porque cuando el hombre la vilipendia, le queda 4 Dios el re— curso de enviarlo al destino que ha merecido.» ~ Hemos registrado en las palabras divinas lo que Dios quiere al hombre , y la confirmacion de estas palabras la hallamos en las ‘obras; cimplese al momento de efec- tuarse la redencion enene ; ay quién no se sobrecoge de temor al ver cémo se realiza? Toda la grandeza de

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