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, & t 285 vacilar que supo tanto como todos sus hijos juntos. Tambien recibié del cielo una voluntad extrema para que obrase el bien libre y meritoriamente, y por ultimo conseguia su fin natural propio, la dicha temporal con la justicia original, y el sobrenatural con Ja gracia santifi- cante. Esta era su suerte, y 4 ella estaba vinculada la de sus hijos. Para conservarla para si y para todos, no te- nia otra obligacion que guardar un precepto, el mas in- | significante, que era el no comer de una fruta que Dios le inhibié para tentar su sumision. No hay para qué repetir lo que se’oye cada dia en la sagrada catedra: Adan apostatd de la obediencia; gy cual fué el resultado del pecado de Adan? 4Formarse al mo- mento el infiernof No, porque ya existia: como que Dios lo habia ya abierto con destino 4 Satands y 4 sus ange- les. gCerrarse el cielo? No, porque tenia Dios decretado desde la eternidad la encarnacion del Verbo, y esta en- carnacion abria sus puertas para siempre. ¢Cudal era, pues, la consecuencia que se origind para Adan y sus hi- jos? Pensémoslo bien, amados mios, para que ni el in- crédulo blasfeme, ni el creyente se desanime. El cielo y el infierno quedaron abiertos, aquél por la sangre del Hijo de Dios, éste por la prevaricacion del hombre; el camino para la gloria, que era llano y delicioso en el es- tado de inocencia, se volvié en 4spero y montuoso, y el del abismo anchuroso y facil; no por haber pecado el primer hombre se anulé la predestinacion del linaje hu- mano a la gloria y 4 la gracia; se hizo ménos asequible la bienaventuranza; gy- por qué? Porque compuesto el hombre de alma racional y de cuerpo sensitivo, tenien- do al frente de si los goces de un mundo pasajero, vien- do sus delicias, sus tesoros, sus glorias, todo material, todo carnal, y columbrando tan sdlo 4 lo léjos con las ~ luces de la fé y de la razon las delicias de la vida veni- dera, teniendo un entendimiento debilitado, una vo- ae

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