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el perdon aumente el ddio,y sujeta mas y mas la victi- ma. Asi Dios, 4 quien el pecador ha despreciado tantas- veces en la vida y prometido una enmienda que nunca lleg6, viendo que todos los actos del pecador moribundo y sus promesas son el resultado del temor de la eterni- dad mas que de un arrepentimiento verdadero , se > hara sordo 4 sus voces y no le concederé gracia. Arrodillado junto 4 su cama, el sacerdote dira la reco- mendacion del alma. eeboiteed Sefior, dira hablando con Dios, 4 vuestra criatura;» pero Dios respondera: «Verdad es que es mi hechura; pero él me ha mirado, no como 4 su bienhéchor, sino como 4 su enemigo.» «No 08 acordeis de sus iniquidades antiguas,» contintia ‘el sacerdote; pero Dios respondera: «Yo me olvidaria de los pecados de su juventud y de sus ignorancias; pero me ha despreciado hasta los ulltimos momentos; siempre me ha vuelto su espalda, y sdlo en el tiempo de su aflic- cion me ha Ilamado diciendo: Surge, et lidera nos. ;Qué! aDejaré de ser justo? ¢Me levantaré para librarle? ,Ddnde estan joh pecador! los dioses que te fabricaste? Vengan, pues, y librente demis manos. Ubi sunt Dii tui quos fecisti tibi? Surgant et liberent te. ‘(Jerem., 11, 27,28.) Levantense ahora esas riquezas que amontonaste para darte nombre entre los hombrés, y salvente de mis ma-_ _ hos: Surgant et liberent te. «Donde estan esas pasiones cuyos movimientos seguiste con ceguedad? ,Dénde esos compaiieros de tus exceso8, en cuyos brazos te echaste? aDénde estan las criaturas que amaste? ,Dénde los ami— gos? Surgant et liberent te. Vengan 4 llenar el abismo eterno que tti has abierto 4 tus piés. Ti has despreciado Jas amenazas que he fulminado contra los pecadores en- durecidos ; ti has estado sordo 4 mi voz; acabdse, pues, el tiempo de la miséericordia, y llegé el momento de la venganza: Mea est ultio, et ego retribuam in tempore.» (Deuter., xxxit, 35.) Yen medio de estas angustias, el Fea

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