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TERCERA PARTE. — rg) Por mas desarreglada que sea la vida del hombre, pu- diera consolarse si mas allé del sepulcro no hubiese un tribunal que ha de decidir la suerte infeliz 6 dichosa por toda la eternidad. Con la vida corporal acabarian todos los remordimientos del alma, y la lapida‘sepulcral cu- briria en su tenebroso y hediondo caos los excesos de largos aiios ; pero no es asi, amados mios; por mas es- — fuerzos que haga el pecador para ahogar el sentimiento de su razon y de su conciencia; por mds que quiera re- nunciar 4 la inmortalidad, una voz oculta 6 imperiosa resuena en sus oidos sin cesar y le persigue; un gusano | roedor se mueve 4 cada instante en su interior y le hace temblar, quitandole la paz y el sosiego que pudiera tener en sus placeres: Non est pax impiis; y si durante la vida no puede tener paz el pecador en sus desdrdenes; si a pesar de poseer riquezas, verse rodeado de fausto y de vanidad , y gozar de cuanto Dios ha dado 4 los hijos de los hombres, no hay paz ni tranquilidad para el pecador, aqué consuelo, qué paz, qué esperanza habra para el pe- _ cador cuando todo este mundo con sus glorias le haga traicion , cuando los placeres y las vanidades se le esca- pen como una sombra vana, cuando el pecador se halle tendido en el lecho de la muerte, entregado 4 las pasio- _ nes de la ignominia y 4 si mismo? ,Qué pasara en su corazon corrompido en sus deseos, inconstante en sus ideas y duro en su rebelion contra Dios? Ahora lo vereis; pero antes distingamos de pecadores: yo os demostraré con la razon y la historia, fundadasen la fé, dos clases de hombres desesperados al verse al borde del abismo eter~ no : el pecador por debilidad , el pecador engaiiado por ili nit as
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