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riza al saber que los hombres mds consumados en virtud. han baiiado con lagrimas el lecho de cilicio y ceniza, pi- — diendo al cielo que aparte de su Andes las visiones espan- tosas del dragon infernal? Y si esto sucedié alos que sirvieron 4 Dios con'toda sualma y le amaron sin interrupcion por largos aiios, aqué acontecera al pecador que apenas se acordé de su Dios en su larga vida? El demonio vendra, no ya con un aspecto hala giiefio, como cuando se llegaba en vida para tentarle, no ya ofreciéndole los tesoros y vanidades del mundo, no ya como un enemigo disfrazado que le ha en- gafiado con sus artificios, para que cayese en los lazos. que le aprisionaban, sino como un adversario declarado y victorioso; aparecera al pecador con su figura infernal y os horrorosa, y el desgraciado querra huir y no podra; se ek cubrird los ojos de su alma para no verlo, y elenemigo RL se le manifestara:mds de cerca; taparé sus oidos por no es escuchar sus voces imperiosas, y cada vez oira masy oo mas los ecos infernales. Todos los perseguidores rodea- ran esta alma infeliz entre las angustias mas mortales: Omnes persecutores ejus aprehenderunt eam inter angus- tias. (Thren., xu). «j{Qué! la dira uno; ti has despreciado tantas veces la voz de tu Dios; tu has hollado su sangre; ‘ { ti has insultado 4 su misericordia, jy quieres ahora sal- varte? Tui has vilipendiado, tii has ultrajado los minis- tros del Dios que te redimié, gy querrds que un Dios ce- | loso de sti gloria y de la de sus ungidos te perdone?—Ya noes tiempo, dira otro, de reparar los fraudes que has_ cometido; ya no'es tiempo de resarcir los daiios que has causado; ya no es tiempo de volver la reputacion que has hecho perder; ya no hay misericordia para tus crimenes, — tu alma nos pertenece, por mas que implores la piedad~ ' del cielo; ya se did el decreto irrevocable de tu condena- cion.» Aquél le inspirara una desconfianza sacrilega en la misericordia de Dios; «no ves, le dira, que tus confesio-

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