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cia es el tentador mas fuerte, segun el mismo Apéstol: unusquisque tentatur a concupiscentia su . Pero no para. aqui la miseria humana; constituido uno mismo en-ene-- migo de su propio sér, no sdlo ha de resistir @ Ja fuerza: oculta, al fuego enterrado en su interior, que quiere sin. cesar estallar y destruir cuanto puede contribuir a adqui- rir una felicidad eterna, sino que ha de estar ademas! siempre vigilante, siempre alerta contra las sugestiones, las estrategias y los ataques declarados de un enemigo; antiguo, envidioso del hombre, y cuyo objeto es apode= rarse de él, destruirle y devorarle. Este enemigo, ama— dos mios, es el demonio; el cual, segun San Pedro, ro- dea como un leon rugiente, buscando siempre en quién _ pueda saciar su rabia infernal. ;Oh y cuantos son los. __ medios que emplea para hacer que el hombre caiga LNada. le importa destruir las obras de las manos de Dios, con, tal que consiga que el justo Job se impaciente y maldiga 4su Criador; al ver los prodigios de Jesucristo sospecha _ que aquel Sér es mas que humano; no se atreve &-creer: ~ que sea Hijo de Dios; tampoco puede persuadirse de que: sea puro hombre; necesario es atacarlé por su misma virtud. «{Si eres Hijo de Dios, le dice, di que estas pie~ dras se -vuelvan pan.» £1 dispone de cuanto puede para. derrocar al hombre, y obstinado en ello, ofrece generoso _ todas las riquezas del mundo, sus glorias y su vanidad, con tal que se le postren una vez y le adoren. Toda su ciencia, que es incalculable; todo su saber, que es sobre- humano, todo lo emplea en destruir el precio de la san—_ gre de Jesucristo. Ya espanta con sus terrores al justo para que deje el camino del cielo; ya se trasforma en an- gel de luz para engaifiar al: incauto ; ya abre caminos'an-: churosos al pecador, prodigandole os placeres y los me- dios de dar pabulo & sus pasiones. Y si tales son los me-- dios de que el demonio se sirve para perder al hombre: en el trascurso de su vida, gqué esfuerzos no hara para

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