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Ee : | | a. - gid para idolatrarlos? ,Podra el Saciilaloso decidirse & ee % resarcir los males que ha causado 4 la sociedad-con su _ vida licenciosa? Moriran , pues, en la desesperacion, sin poder aborrecer stis vicios y despedazados por los mas crueles remordimientos; morirén como los Antiocos y como Saul, de quien dice San Fulgencio «que no abor- recid lo que habia hecho, sino que temié lo que no que- ria que le sucediese.» gee {Qué dificil es que un pecador, endurecido por tan- tos aiios en el vicio, pueda convertirse al Sefior y morir bien! Rebelde 4 los ‘movimientos de la gracia y sordo & la voz de Dios, su corazon seb que apelmazado 4 fuerza de martillazos , como dice el E¢clesidstico (111, 27): Cor durum habebit in novissimo. Ya no es tiempo de volverse 4 Dios, 4 quien se ha irritado” por largos afios, y en vez de mirar con piedad al peca- dor, lo mira con horror; se acabé el tiempo de misericor- dia, se acabaron los aia que se le habian dado para san- tificarse, y llegé el dia del Sefior, y en él sera abandona- do el hombre miserable& la furiosa tempestad de sus pe- cados. Le cercardn , pues, por todas partes, y semejantes a perros rabiosos , se agarraran de él y le diran lo que afir- ma San Bernardo: Opera tua sumus, non te deseremus. ee _ Nosotros somos la obra de tus manos, y no te abandona- -pemos; hasta hoy te hemos halagado y tii has satisfecho _tus deseos corrompidos; jamas nos apartaremos de ti; en el tribunal de Dios estaremos 4 tu lado, y en el jahenae” mismo iremos 4 ser compafieros de tu desgracia por toda la eternidad. ;Oh qué momentos tan despedazadores para el corazon del pecador! Sus mismos crimenes son su juez y le atormentan ; pero entre tanto, gqué pasa al lado del enfermo? El sacerdote, depositario de las misericor- dias del Sefior, se Mega por la tiltima vez al lecho de hor- ror; en vano levanta su voz para que el moribundo repi-~ mas duro que el yun-- i ae ea

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