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una esposa bafiada en lagrimas por la pérdida instanta- nea que va 4 sufrir; los hijos y los parientes invaden por ' todas partes el aposento de la muerte; se aconseja al en- fermo que disponga los asuntos.domésticos, y enténces empiezan 4. asaltarle mil pensamientos congojosos. «; Qué! dice el pobre pecador postrado en su lecho: ges. posible? gSe llegé el momento de morir? ,Ya no hay es- ‘peranza de remedio alguno?—Nada de eso,» se le res- ponde, ;Oh mundo cruel! ; Cuantas almas perecen por fie estos miramientos que se guardan con los enfermos! Se’ : tiene mucho cuidado con no impresionar al pobre mori- bundo, aconsejandole que disponga su alma para el ulti- mo trance, y nada se omite para persuadirle el’arreglo de sus bienes terrenos. Pero, en fin, no falta un amigo que se atreva 4 decirle que es mortal, y que mds alla de la hoya se encuentra otra region donde son pesados to- dos los momentos de esta vida caduca ; 4 sus instancias el ministro de paz se llega 4 la cabecera del hombre desahuciado. ; Oh qué revolucion tan espantosa hay. en aquella alma! Aquel hombre vestido de negro, aquel — hombre tan aborrecido del pecador en la vida, aquel hombre que 61 miraba con desden , que apenas se dig- naba saludar, gqué pretende del enfermo? 4Viene & pe= dirle parte de-sus bienes, como los hijos? 4 Viene 4 enga- fiarle con esperanzas infundadas de mejoria? jOh, no, amados mios! En vez de quitarle viene 4 darle un bite que él no conoce; viene 4 darle la gracia y el perdon que - necesita en aquella hora. Pero. 4cémo se confesara el tal enfermo? De cien mil pecadores que han pasado toda su vida en crimenes, apenas se salva uno, dice San Jerénimo (in ep. de Mort.). 4 La confesion de tal enfermo es enferma, dice San Agus tin. Los respetos humanos, el honor de la familia, hé aqui los motivos que le inducen 4 confesarse ; pero ape- nas se ha alejado el sacerdote, jqué congojas le rodean TOMO 1. : "7 Fiona LS _

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