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+ el temor de la eternidad desdichada que la sigue, tercera. . garse como pecador ; pero llegé la hora en que van a ser . ; fo ES — Pidamos la gracia 4 Maria nuestra Madre para que ahora ilumine mi entendimiento, y con su intercesion se — convierta el pecador, y al fin de nuestra vida muestre que es Madre de los pecadores. Para esto la saludamos con el angel. = Ps . Ave Maria. PRIMERA PARTE. nee ee Antes de manifestaros lo que pasa en los ultimos mo- mentos del pecador, es necesario daros una reseiia de su enfermedad. Ved-4 ese hombre mundano , cuya vida ha sido un tejido de maldades: al entrar en el mundo juré— \ _que renunciaba 4 Satanaés y sus pompas; infiel a los vo- tos que hizo 4 su Dios, apenas se ha acordado de El una vez ; si acaso se postré& los piés de sus ministros, fué cuando en los dias de su inocencia recibid en su pecho al Redentor, 6 cuando did su mano & su consorte ante las aras del Sefior; desde entonces , jamas se digné acu= pesados sus crimenes; el ultimo dia d@ salud lo ha pa- sado como los demas, ocupado exclusivamente en asun- tos terrenos; al volver de sus recreaciones mundanas se encuentra agitado y desasosegado; luégo se pone su casa en conmocion. «No es nada,» le dice un falso amigo que 2 ha venido 4 suministrarle los remedios ; sin embargo, la indisposicion se agrava, la fiebre se aumenta, el peligro se declara; pénense en juego todos los elementos medi- cales ; no se perdonan 4 las bebidas mds amargas ni a las mas crueles incisiones ; pero todo es inulil, ya no hay remedio. ; Oh qué dolor! Luégo se ve rodeado el lecho de ee ee
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