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dose estas islas de las cuispides y planicies de los mon- tes. Temblemos; el que sumerge las llanuras tambien puede hacer rodar 4 los voleanes. j Oh hijos de la reina de las islas! A tiempo estamos de quitar 4 Dios la espada que ha desenvainado; vos—— otros , cuyos corazones no rebosan sino bondades: vos= otros, que caritativos dais la mano 4 todo extranjero qug escala vuestro muro despues de haber surcado las olas del Océano: vosotros , cuyo timbre de accion es la honra- dez, la gratitud, la generosidad, jqué! gsdlo dejareis de ser generosos para con Dios? gSdlo sereis ingratos® para con vuestro mds tierno amante? ,Habeis de procurar la felicidad de todos, y no habeis de mirar por la vuestra pro- pia, por la de vuestros hijos y esposas? ; Ah, no! Seamos consecuentes; si amamos 4 los demas, los debemos amar como 4 nosotros mismos; si queremos hacer felices 4 otros, hagamonos antes dichosos 4 nosotros mismos con la observancia de la Religion de Jesucristo, porque fl sélo es «el camino, la verdad y la vida.» Zyo sum via, ete. - ; Ob amable Jesus! Dad 4 mis palabras una sancion practica, pero sea sancion de amor y misericordia, no de rigor y justicia; confirmad cuanto he anunciado, enviando 4 los corazones de cuantos me oyen fuertes destellos de luz celestial, de esa luz que inflama las al- mas y las saca de las tinieblas del pecado y las lleva al cielo. A pesar de nuestros extravios, atin brilla en nues- tras almas la antorcha de la fé; no pertenecemos al nu- merode esos desgraciados que abiertamente militan en el error y la mentira; nuestros yerros mas provienen de un corazon débil que de un entendimiento pervertido. Per- dona, pues, perdénanos joh Dios de misericordia ! Somos _ tus hijos; recibenos en tu seno paternal y escucha, los ge- midos de dolor con que decimos: Sefor mio Jesucristo, etc. KG i) ; 4 ; e

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