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aparecido del mundo, con cortas excepciones, la ley del amor divino que une 4 los hombres entre si como 4 her- manos; porque yo no veo sino dos grandes agentes entre los hombres, el oro y los placeres; todas las ideas subli- _ mes se han materializado en esto que la filosofia llamé positivo, condenando todo lo demas al reino de las qui- meras. aY qué puede salir de esto sino lo que vemos y palpamos? El pauperismo en las tres partes de nuestros" hermanos; pauperismo que no se lleva con resignacion, porque los miserables no son verdaderamente cristianos, y el lujo desenfrenado en la otra parte; lujo para cuyas exi- gencias no son suficientes todos los tesoros de la tierra, pues el genio destructor de las modas es un abismo sin fondo. . Preguntémonos, pues, 4 nosotros mismos: ,A donde iremos? én qué pararemos con nuestra indiferencia? Si continuamos viendo esa desmoralizacion publica, esos, bailes infames que hombres infernales ejecutan en nues- tros teatros, representindonos & Vénus, & Galipso y otras divinidades de los paganos, presentandose alos ojos de la mullitud en actitudes vergonzosas, en apariencias de desnudez completa, en... joh Dios mio! yo no me atrevo a decirlo, porque temo que se desplome este augusto re~ cinto; si siguen los padres de familia mirando con indi- ferencia las practicas religiosas en sus hijos y familia y en si mismos; si continuan arraigandose en los corazo- nes de la juventud esos principios que aprenden en los — libros infandos de la filosofia y ven confirmados diaria- mente con la practica; si no desaparecen esas musas horribles que tienen boy arruinada la humanidad, yo no sé en qué vendremos 4 parar; pero oidme: los grandes gedgrafos piensan, con alguna probabilidad, que en tiem- pos antiguos el golfo de las Antillas era un hermoso oon-. tinente, rodeado de un circulo de montafias, el cual por algun gran terremoto fué sumergido en el mar, forman-

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