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Suplico que se lea la historia de los tres primeros si- glos del Cristianismo, y veremos que la sumision y obe-- diencia fué el arma con que los cristianos domaron el despotismo de Roma. «Padecemos, dice San Cipriano, y aunque nuestro pueblo es numeroso y fuerte, no se. venga de las violencias.» «Tenemos grandes fuerzas para pelear, dice Tertuliano; pero hemos aprendido de Cristo 4 sufrirlo todo. Si no tuviéramos esta ensefianza,’ 4qué ejército se hubiera presentado ante nosotros, sin hacerle frente, aunque fuese mas que nosotros en nime~ ro, cuando vienen a degollarnos sin motivo?» «Padecemos. trabajos indecibles, escribe Lactancio, y con todo, ni re- sistimos siquiera con palabras, dejando 4 Dios el cuida- do de vengarnos.» Asi obraban los cristianos en los pri- meros tiempos; y jqué prodigio! Como despues del in- vierno riguroso, cuyas brumas y nieves han castigado. los arbustos y plantas, aparece la dulce primavera, pre— sentando por do quier al avido ojo humano horizontes risuefios, flores aromiiticas, momentos encantadores por el suave susurro de los riachuelos, el canto armonioso de las aves y el calor apacible y benigno del sol, asi se ex— tiende la paz en la tierra; las lanzas se convierten en aza- das y las espadas en arados; habita el leon con el corderi- to, y un nifo es el zagal que los cuida; cae la idolatria, y perece el error entre las ruinas de la gran Babilonia em- briagada en sangre de cristianos, formandose de sus res-- tos esas naciones que dieron 4 la Religion, 4 los pueblos,» a las ciencias, 4 las armas y 4 la lileratura mas héroes que dias tiene el mundo. Desde enténces aca, si ha ha- bido guerras, si se han devorado unas nacioues 4 otras, si la sangre humana ha caido en los campos como torren- te asolador de nuestro linaje, si la barbarie ha reempla- zado 4 la clemencia, si la humanidad ha perdido sus de- rechos, echad la culpa al error, 4 la mentira, 4 la indi- ferencia, pues suya es.

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