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dando en horrible esclavitud los vencidos. Si se pudiesen contar las gotas de sangre humana que salpicaron los anfiteatros del paganismo, evaluando en seguida en su _ justo valor el precio de tantas vidas sacrificadas en las aras de la brutalidad , nos moririamos de espanto. Trein- ta mil gladiadores que perecian cada aio; diez mil que sucumbieron en ciento veintitres dias que duraron los - regocijos publicos por el triunfo de Trajano sobre los da- cios; los ancianos que normalmente eran deportadosa las islas del Tiber, para que pereciesen alli como bestias enccrradas en jaulas y privadas de alimento, por no con- siderarlos ya de alguna valia en la sociedad; la mujer que no era considerada como compafera del hombre, sino como instrumento de la pasion brutal. ; Ah! Todos estos crimenes habian perdido su deformidad, todos es- tos horrores se cometian por no haber religion verdadera entre los hombres; religion que ensefiase 4 los Empera— dores y cénsules que no eran sefores arbitros de los de- mas hombres. Si reflexionasemos atentamente los porten- _ tosos efectos de la Religion cristiana en los pueblos; si examindsemos con detencion, y sin fanatismo por esas sectas que tanto ensalzan la falsa libertad del hombre, cual es el verdadero origen de la prosperidad real y posi- tiva de los pueblos, gcémo era posible que el Catolicis- ' mo fuese mirado por sus hijos con tanta indiferencia? 4Cémo seriamos tan inconsecuentes que habiendo éste conquistado al hombre sus derechos, que usurpdra la mentira de las falsas religiones , viviésemos como paga- “nos, apellidandonos cristianos? Para apreciar dignamen- te el estado de la sociedad con relacion 4 tiempos pasa-— dos, no nos hemos de contentar con comparar unos tiem- pos con otros; es preciso que hagamos un esfuerzo; es preciso trasladarse totalmente 4 las épocas de la barba- rie, con todas las nociones que tenemos y que se han con- naturalizado en cierto modo con nosotros. ,Qué veremos -

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