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para su defensa, 6 al ménos velocidad para la fuga, no habiendo dotado al hombre de ninguna de estas calida- des ; pero dandole al mismo tiempo la razon, con la cual, y el auxilio de sus manos, pudiese procurarse lo que ne- cesita, lo que no podria realizarse sin la existencia de la sociedad ; pues no basta un hombre solo, ni se basta ria 4si mismo, para conservar su propia vida;» y segun- do, «que si el hombre debiese vivir sdlo como otros ani- males , no necesitaria de nadie que lo encaminase 4 un fin, sino que cada cual seria rey de si mismo, bajo la au- toridad de Dios, Rey supremo, en cuanto se dirigiria a si mismo en sus actos por medio de la luz de la razon que le diera el Criador.» ,Qué consecuencia deduciremos de esta doctrina? La misma que aduce el Santo Doc- tor citado: «Que es absolutamente necesario que haya entre los hombres quien rija la multitud ; pues que ha- biendo muchos reunidos y haciendo cada uno lo que bien le pareciese, la sociedad se disolveria, no habiendo quien cuidase del bien comun.» Ya muchos siglos antes anunciara esta doctrina el Salvador ensefiando al insidio- so saduceo que diese al César lo que era del César, y 4 Dios lo que es de Dios. Con mucha mas especificacion la desarrollara San Pablo, diciéndonos: que el origen de las autoridades sociales viene de Dios; que no hay potestad que no venga ordenada por El, y que quien la contradice y desobedece, resiste y contradice al mismo Dios. Van est potestas nisi a Deo; qui potestati resistit, Dei ordinationi resistit. Ser unos depositarios de la razon y de la ley enderezadas al bien comun; deber otros obedecer 4 esta razon y esta ley, es la esencia de la sociedad humana; y de tal modo esta grabado este principio en la masa de nuestra naturaleza, que no existe un solo pueblo. en el mundo, ora sea civilizado, ora salvaje, que no reconozca una autoridad superior 4 quien deba someterse, una au- toridad en quien vea un ministro del Rey de los cielos y la

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