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al hombre acciones que no sean libres en él; es decir, acciones en que padezca coaccion y violencia extrinseca. En una palabra: el gran mévil de las acciones morales es el amor, esta noble pasion del 4nimo que nos inflama y moviliza para obrar; porque no es posible que obremos sin haber préviamente amado; antes de servir 4. Dios ‘y convertirse sériamente 4 la practica de la verdad, hemos tenido un amor inicial, excitados 4 £1 por la gracia divi- na; y 4 medida que este amor echa en nuestra alma hon- das raices, nuestras acciones son mas santas y herdicas; antes de practicar la maldad con discernimiento y vo- luntad, la hemos amado, hemos fijado en ella el centro de nuestras inclinaciones ; y estemos ¢iertos que nadie puede hacernos violencia para que aborrezcamos lo que amamos, 6 para que amemos lo que aborrecemos ; porque esta propiedad esencial del hombre reside en su espiri-— tu, sobre el cual no tiene accion coercitiva ningun agen- te criado por la naturaleza de las cosas, ni el mismo au- tor de nuestra existencia, por haberse El despojado de este poder en favor nuestro, con el fin de que nuestras acciones fuesen meritorias, segun el impulso de nuestra voluntad excitada por la gracia divina. Partamos de este principio infalible para compren- der cuan funesta es 4 los pueblos la indiferencia religio- sa. Inuitil es decir que el hombre es naturalmente reli- gioso, pues es falso que haya existido jamas en estado de pura animalidad, como pretendieron algunos herejes antiguos, y han querido reproducir otros herejes moder- nos, embozados en el especioso manto de filosofia y ra- cionalismo; tambien es intitil demostrar que el hombre _ fué criado para vivir en sociedad, 4 diferencia de todos los demas animales; pues basta decir, con el Angel de las escuelas , primero, «que es natural al hombre ser so- cial y politico, porque 4 los demas animales preparé la naturaleza el alimento, vestidos de pieles, dientes y uflas vs sisi —

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