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dandose por unos minutos, 6 saliendo de su esfera, el mundo superior se trastornaria y disolveria. Vemos lo mismo en el mundo inferior, en la tierra; por un 6rden - admirable, reemplaza una estacion a otra; cn invierno son castigadas y oprimidas las plantas por las escarchas y hielos, reconcentraéndose en su interior toda la savia, para salir con gran verdor y lozania en la primavera, vis- tiéndose sucesivamente de flores, despues de hojas que las defiendan de la violencia de los vientos; despues se forman gradualmente los frutos, azucarandolos el sol con ~ gus ardores del verano, hasta que, condimentados suave- mente por la influencia paulatina de los elementos, se inclinan entre las ramas, ofreciéndose asi 4 la mano del hombre para que se deleite con sus exquisilos sabores. Violentad por un momento este drden que guarda la tierra en sus producciones, y hallarcis que las plantas se desgastan, produciendo frutos insipidos, y que mueren por fin, por haber sido violentadas. ,Quién causa seme- jante trastorno y esta ruina precoz en los entes desti- nados 4 éngrandecerse, & elevarse y 4 dar por muchas . estaciones gran copia de frutos? La fuerza. jAh! Hay tam- bien en los objetos insensibles cierta propension al amor, ala suavidad; desean en cierto modo asemejarse al que - es su duefio; no quieren ser violentados en sus operacio- nes, por temor de ser disueltos y perecer. Sucede otro tanto y se ve de un modo mas evidente en el 6rden moral: empezando por la primera causa, que es Dios, no tiene otro mévil de accion que el amor y la dulzura. No importa que los decretos de su providencia vayan caminando 4 su complemento y ejecucion con mas velocidad que la del alazan lanzado 4 gran carrera en un vasto campo; todo va con suavidad y amor; Dios no pue- de padecer violencia alguna, y no quiere que agente al=- guno intelectual la padezea; y si examinamos las accio— _ nes humanas, encontraremos que no pueden imputarse
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