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« que amenaza 4 su mismo jefe si no asiente 4 su deman- da sanguinaria; un pueblo que se maldice 4 si mismo con tal que muera Jesus como un maldito; en fin, una ciudad en anarquia, donde la autoridad no tiene presti- gio, pues ha sucumbido 4 la fuerza brutal del populacho; un pueblo, por fin, que se vera muy pronto envuelto en sus propias ruinas, por haber mirado con indiferencia la verdad de que Jesus diera testimonio. Digimoslo, pues, de una vez: esta verdad es la Religion, necesaria al Rey, al magistrado, al general , al soldado, al plebeyo, 4 la hu- manidad entera, para su propia dicha. Y su desprecio no puede ménos de causar en las naciones grandes desastres. Ved, pues, mi asunto para este dia: espero en Dios que cada uno aprender4 la importancia de la Religion en los pueblos y familias, para practicarla como exige nues- tro propio interés. Saludemos antes 4 la Reina del cielo con las palabras del angel. Ave Maria. Aunque lo moral y lo fisico distan uno de otro grados infinitos, es preciso confesar que existe entre ambos una muy notable analogia. Examinamos los efectos, los pone- mos en relacion con las causas que los producen, y no po- _ demos ménos de confesar que sucede en los grandes acon- tecimientos morales lo mismo que acontece en los del érden fisico, en-los efectos que palpamos con nuestros sentidos. 4Qué advertimos en este ultimo ramo? Vemos que la maquina del universo procede en sus movimien- tos con un érden admirable de fuerza y suavidad al mis- mo tiempo; que el sol, la luna y las estrellas giran sin’ cesar en sus Orbitas, sin acelerarse ni detenerse jamas, sin salir ni una sola linea del camino demarcado, y com- prendemos que aumentindose su movimiento, 6 retar- . sino, y condena al exterminio4 un inocente; un pueblo

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