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Happ wee hombres erigieran un tribunal para residenciar al mis- mo Dios y condenarlo 4 muerte. En aquellos momentos terribles, Jesus se ve precisado a contestar 4 muchas de las preguntas inieuas que se le hacen por jueces malvados; ni una sola palabra sale de sus labios para de- _ fender Birectaments su inocencia; pero cuantas pronun= cia son una confirmacion de las que habia dicho a sus discipulos en el Cenaculo y el camino del huerto. El juez que debe sustanciar esta causa se persuade en el primer interrogatorio que Jesus es inocente, y que sdlolaen- vidia de sus émulos lo ha puesto en manos de la justicia civil. Al segundo examen de la vida publica del Dios hu- manado descubre Pilatos en el reo una dignidad y noble- za tan eminentes, que le hacen decir con toda esponta- neidad: «Luego tii eres Rey?» Mas Jesus, sin negar esta excelencia que tenia desde que en la eternidad «le diera el Padre los pueblos y naciones para que los gobernase como 4 su patrimonio,» se contenta con decir al juez: «Yo para esto naci, y para esto vine al mundo: para dar testimonio 4 la verdad; todo aquel que es de la verdad, escucha mi voz.» ; Ah! El Verbo Eterno no podia incurrir en la mas minima inconsecuencia; lo mismo predica al envidioso Anas que al humilde discipulo, lo mismo al sacerdote infcuo que le persigue .que al Apéstol que lo ama; lo mismo anuncia al pueblo que lo adora, que al juez cobarde que lo ha de mandar crucificar. «He venido 4 dar testimonio 4 la verdad; Yo soy el camino, la ver- dad y la vida.» #go sum via, etc. — éQué verdad es ésta? Hé aqui, amados mios, una pre- gunta que saliera de la boca de un magistrado romano. ; Cosa digna de atencion! Los encargados de administrar justicia en aquel imperio donde pulularan tantos filéso- fos y jurisconsultos, tenian tan falsas nociones sobre los principios fundamentales de la sociedad, que uno de ellos, enviado 4 Jerusalen para que con su pericia gober-
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