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Religion que £1 mismo ha ensefiado 4los hombres; la so- ciedad estaria destruida, y los hijos de Adan serian hoy una familia sin leyes, sin organizacion, sin princi- pios, estipidos, ignorantes y locos como lo fueron todos aquellos espiritus indiferentes: Simul abierunt in confu- sionem fabricatores errorum. Una experiencia de setenta siglos lo demuestra, y la historia, fiel repertorio de las aberraciones humanas, nos lo dice 4 cada paso. Los hom- bres que han doblegado su cuello al yugo del Sefior, han tenido siempre ideas muy exactas sobre la Divinidad; han sondado con acierto el océano de sus maravillas, han mirado sin pestafiear la radiante luz que la circuye, é iluminados con sus resplandores, han dado a los pue- blos lecciones de sabidurfa; miéntras que los sectarios del error se han alucinado 4 si mismos, han pervertido @ — los otros, introduciendo en todos la anarquia intelectual, las dudas, las desesperaciones y el fanatismo: Simul abie- runt, etc. Y, en efecto: filosofos ha habido que negaban "Ja existencia de Dios, el infierno y la gloria, dudaban de cuanto veian y oian, no creian en lo que tocaban con la mano, y hasta de su propia existencia dudaban, y en cambio de esta incredulidad en las cosas divinas, creian todo lo increible, creian todas las fibulas, 4un las mas. ' ridfculas, creian en las preocupaciones populares, en visiones y apariciones nocturnas, en que no creen ni las mujercillas de la plebe; en todos sus dichos, en to- das sus ideas no encontramos sino absurdos y contra- dicciones: y en prueba de ello, basta saber que ellos son los que, al atacar la Religion con gruesos volumenes, di- cen & cada paso sus elogios, inculcan su necesidad, y aprueban la conducta de los pueblos que moderan sus cos- tumbres segun sus divinos dictdmenes. Basta saber que’ el jefe de la incredulidad, aquel que reputaba por locura el creer en Dios, llegé 4 decir varias veces que «si no hubiese Dios, era indispensable el inventarlo, para poder

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