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oe ae tro » espiritn contemple sin deslumbrarse los respletiiibees de su esencia divina.» Todo lo que no sea conocer esta verdad, no pasa de ser mentira, error, vanidad y locura, en que el espiritu humano no puede encontrar su perfec- cion y su bienestar moral. Y, en efecto, amados mios: examinad conmigo las ideas que tenian sobre estos dos puntos los sectarios del error y los fildsofos del paganismo, y vereis demostrada mi asercion. ; Qué caos tan horrendo no envolvia el en- tendimiento de aquellos hombres! Inventen los pueblos - cuantas falsedades les sugiera un espiritu depravado; propalen errores los mas groseros, que ninguno diran — que no haya sido ensefiado por aquellos fildsofos que pretendieron dogmatizar segun las opacas luces de la razon. Nadie de vosotros ignora que los conocimientos sobre la ciencia divina eran tan absurdos en estos hom- bres, que, no sdlo adoraban los astros del cielo, sino aun » 4 las bestias feroces; legando 4 tal extremo la locura, que se sembraban los dioses, pues no habia planta que no recibiese inciensos y adoraciones; de tal modo la pro- pension al error habia oscurecido la razon natural, que demuestra al hombre la unidad de Dios eterno é indefec- tible , y la‘nada de las criaturas; y, en vista de esto, no es de admirar que la dignidad humana y la nobleza del alma fuesen desconocidas; no es de admirar que su san- gre sé ofreciese en libacion ante un idolo de piedra , 6 fuese entregada 4 las fauces de fieras, para que éstas la tragasen como 4 cosa propia y debida 4 su naturaleza di- vina; no es de admirar que unos pretendiesen que el mundo material era el Dios de cielos y tierra, que dije- sen que no habia vicios ni virtudes, que el bien y el mal en el 6rden moral eran invehciones quiméricas, y que los hombres eran como las fieras, que pueden devorarse unas 4 otras sin sentir el astimulo de la conciencia. No eonociendo 4 Dios, tampoco podian saber la esencia del

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