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eC - 247 consecuencias y sepa que él sdlo es el autor de sus des- gracias. No es ésta la indiferencia que combato, pues. enténces mis alaques serian contra Dios, y no contralos’ hombres; pues Dios enriquecié al hombre con esta indi- ferencia 6 libertad, lo uno, para que tuvidésemos dere- cho de justicia ala gloria, en la cual Dios corona sus dones al premiar nuestros méritos; y, lo otro, para salir victorioso en el juicio que de él hace el impio condena- do, y quedar justificado en sus palabras. Se dirigen, pues, mis ataques contra el abuso que ha- cen los hombres de esta prerogativa; porque, no nos engaiiemos: el hombre nace para buscar la verdad y nu- trirse de ella como del alimento de su alma; éste es su instinto, ésta es su tendencia natural, y desde el primer vagido de la infancia hasta e) ultimo suspiro que exhala al borde del sepulcro, todos sus anhelos son por encon- trar la verdad y la felicidad, que es su compaiiera inse- parable. Esto supuesto, si pudiesen darse dos verdades igualmente infalibles y realmente distintas por su proce- dencia de dos principios eternos, podria el entendimien- to humano adherirse indiferentemente 4 una u otra, sin perjudicarse 4si mismo; pero siendo esto imposible segun la fé y la razon, y procediendo toda verdad igualmente de Dios, como de su tinico origen, el hombre no puede ménos de abrazarla sin agradar al cielo, ni puede con- tradecirla sin ser un rebelde 4 su Criador y ocasionarse su propia ruina. Mas gqué ruina? No os diré que el hom- bre indiferente se condena él mismo al infierno, pues en este siglo no quieren los hombres oir hablar de este dog- ma terrible de la Religion; pero ya que la indiferencia de nuestros dias constituye la felicidad humana en ésta vida, os diré que en esta misma vida.el hombre indife- rente es un ente desgraciado, cuyo entendimiento racio- nal se alimenta de mentiras, y cuyo corazon no puede tener paz ni felicidad: infortunio espantoso y el mas ter- we
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