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da; y aunque me veis bautizar, debeis comprender que- mi bautismo es de simple agua, pero ya teneis entre vos- otros 4 uno, que no conoceis; ese es el que debe venir “despues de mi, y ha sido engendrado antes de mi; y yo ho soy digno de desatar la correa de su zapato, y fi ha de bautizar en Espiritu Santo y en fuego.» ; Cosa extraiia, amados mios! Al poco se deja ver Je- sus, quien despues de haber recibido el testimonio de Juan, ptiblico y auténtico, y el testimonio del cielo, que en voz clara, inteligible y sobrenatural lo declaré por Mesias y ungido, recorre la Judea, obrando prodigios, curando leprosos , apaciguando tempestades, sctiinate muertos, tratando con benignidad 4 los pecadores, y en- sefiando 4 todos con tanta uncion del Espiritu Santo, que sus mMismos enemigos confesaron 4 despecho que nin- guno habia hablado jamds como £1. Y, en efecto; en la escuela de Jesus todo respiraba santidad, respeto al tem- plo, veneracion al sacerdocio, obediencia 4 los superiores, amor 4 Dios y caridad al préjimo; confesaban los sabios. de la Sinagoga que los pecadores no habian hecho jamas milagros: veian que Jesus los hacia, veian que no podian presentarse 4 Jesus sin admirar aquella humildad y modestia unidas 4 una majestad sobrehumana, aquel candor, aquella sabiduria, aquella inocencia que respi- raba Jesus y descollaba en todas sus obras, y, sin embar- go, miéntras el pueblo adora 4 este Jesus, unas veces proclamandolo por Cristo Hijo de Dios, otras recibiéndole en triunfo, y siempre confesando que es el Profeta espe- rado, estos mismos sdbios dicen que Jesus es ‘un mal— vado, que tiene pacto con el demonio, y que es enemigo de Dios. jAh! ;En qué errores se precipita el espiritu huis! éEran acaso excusables estos hombres? No; y lo prueba _ el mismo Jesus con estas palabras: «Si Yo no hubiese venido ni les hubiese hablado, tendrian excusa; pero

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