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de exigir adoraciones, ni de castigar al sacrilego, y de este modo jqué dolor! al paso que deleitaban 4 una ge- neracion frivola con sus producciones literarias , difun- dian 4 mansalva los venenosos principios que son la madre indisputable de la espantosa indiferencia con que los hombres de hoy.miran la religion y la moral. Horrenda es esta injuria, porque tiende 4 destruir la esencia de la Divinidad, y voy a hablar con el testimonio de Tertuliano. La indiferencia practica debe suponer en el hombre consciente y racional la indiferencia especu- lativa, y esto es imposible, porque entonces caeriamos en el politeismo. Si, dice el sébio nombrado; si Dios no es uno por esencia, ya no es Dios; porque mas dig- no es creer que no hay Dios, cualquiera que éste sea, que creer que hay muchos; y para que sepamos que no hay mas que uno , examinemos lo que es Dios. ,Y quién lo ignora? Es infinitamente justo, infinitamente santo, infinitamente poderoso, infinitamente omnipotente, y tiene todas las perfecciones de un modo infinito; por consiguiente, todo lo que existe es inferior 4 El en grado infinito : inferior es el angel, inferior el hombre, inferior cuanto vemos y palpamos; nos lo enseiia la razon y nos lo dice la f6, cuyos dictamenes no contrarian los de aquélla. Luego, 6 es necesario negar todas las relaciones y des- truir todo principio, 6 hemos de confesar que hay un Dios que no puede mirar con indiferencia los ultrajes que se hacen 4 su Majestad infinita por el hombre racional, cuando recibe homenajes de adoracion en cierto modo de los animales y de los elementos, siguiendo aquéllos los instintos que Dios les diera, y no pasando éstos de los limites que les fijara. El profesar, pues, la indiferencia — en la practica es querer suponerla en la especulativa, y por consiguiente es negar la existencia de Dios, 6 con- ceder la pluralidad de los dioses; y enténces razon ten- drian los poganos de Baber adorado idolos mudos, que vn Y

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