BCCPAM000591-3-10000000000000
esta indiferencia supone que Dios no exige ningun culto, 6 que si lo exige de sus criaturas, no se ha servido ma— nifestarlo; y siendo el hombre incapaz de dar 4 luz y plantear una religion con sus misterios y dogmas, él seria el inocente en sus mismos crimenes, y Dios seria el unico culpable; lo que nos llevaria sensiblemente 4 decir, con el heresiarca Calvino, que Dios es causa de nuestros crimenes y autor directo de la maldad. Pero léjos de nosotros una idea tan errénea; la indi- ferencia de los hombres es tanto mas criminal, cuanto la voluntad divina se ha patentizado mas ‘en esta mate- ria; apenas el mundo contaba los primeros dias de su infancia, cuando los hombres tributaban al Eterno un culto de adoracion , no inventado por ellos mismos , pues la religion supone misterios, y éstos no lo serian si fue— ‘sen parto de un espiritu limitado, no siendo conforme 4 razon que el hombre adore lo que comprende; y que Dios sea el autor de este culto, lo demuestra claramen- te el haber desechado las ofrendas de Cain porque no eran puras y sinceras, y haber aceptado las de Abel, en las cuales expresaba éste su sujecion al Sér Divino y el dominio que éste tiene sobre todo cuanto existe. He aqui cémo Dios manifesté en los primeros dias de la hu- manidad que era celoso de su gloria, y que no podia mirar con indiferencia los homenajes criminales del per- verso, ni podia dejar de aceptar las religiosas adoracio- nes del Justo. Asi es que al ensefiar mas tarde su ley 4 Israel , pone por preliminar de sus mandatos que exige de los hombres amor y adoracion, y que es Dios fuerte y ce- loso de su gloria: Zgo sum Deus iuus, fortis, zelotes. (Exod., xx, vers. 4.) A continuacion, promulgados los mandamientos, prescritos los ritos y mandados ungir los sacerdotes, concluye con estas mismas palabras, dignas de eslar siempre Vivas en nuestra alma: «A tu Dios ado- raras -y serviras 4 El solo; y si abandonas esta ley, yo
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz