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197 aqui deduciremos que las fortuitas combinaciones ele- mentales no han podido ser el principio de un sér anima- do, racional y espiritual, y que sdlo otro sér infinitamente dotado de una razon increada y eterna puede ser el cria- dor y el conservador del hombre y de los demds séres animados 6 insensibles, materiales y espirituales. Esta. doctrina es inspirada por la religion, y 4 quien no la quiera profesar podremos decirle, con David, que el hom- bre no quiso comprender la nobleza de su origen, aseme-— jandose 4 las bestias: Homo cum in honore esset, non in- tellexit. Supuesto este principio, el hombre debia someterse& las leyes que su Criador le impusiera, y observar la reli- gion que él le revelase; de lo contrario, el hombre de- jaria de ser criatura,-se trastornaria el érden de la natu- raleza, y no hallariamos medio alguno de relaciones entre Dios y el hombre, porque adornado éste de una alma espiritual, debia tener trato con Dios, conociendo que de El dependia, y que 4 El tenia que ir 4 parar como 4 su fin. Ved aqui la admirable economia de la Providen- cia en la creacion del hombre; ved las relaciones del hombre con Dios; ved el comercio de la criatura racio— nal con el Inmortal por esencia. Y el hombre, este sér noble y privilegiado, que no ignora su principio ni su fin; este sér que ve la materia y trasciende hasta el espiritu; este sér que penetra hasta el fondo del abismo y se encumbra hasta les mas altos cielos; que se nivela con los brutos por sus vicios y pasiones desarregladas, y se eleva hasta los angeles por la penetracion de su es- piritu y sus virtudes, gpodra desconocer la imagen de la Divinidad que lleva en si mismo? 4Podra ser indiferen—- te al culto de adoracion debida al que por un acto espon- taneo lo sacé del caos de la nada? ;Oh, amados mios! Seria esto la mas apatica estupidez del entendimiento, y la mayor injuria perpetrable contra el cielo; porque
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