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Oir esta voz es un deber inherente 4 todo hombre; »despreciar esta voz que nos ensefia los caminos de nueés- tra felicidad temporal y eterna, es .el mayor crimen que > el hombre comete, y la mayor injuria que se hace a la Divinidad. No; desde que Dios ha hablado, no sdlo por los Profetas, sino por si mismo, el hombre no puede mos- trarse indiferente en servir 4 este Dios, en oir su voz y¥ en observar sus preceptos, sin ser un ingrato, un crimi- nal, un rebelde. Asi es que mi espiritu me conduce 4 combatir en este dia la indiferencia de nuestro siglo. Hay hombres indiferentes en seguir esta doctrina 6 la otra, en abrazar una secta u otra; los hay indiferentes en abrazar los preceptos morales, y los hay que, profesando el Cato- licismo, miran con la mayor indiferencia sus leyes, sus preceptos, sus maximas, sus instituciones, sus dogmas -y su moral; de modo que, al paso que tienen en su alma impreso el cardcter decristianos, llevan en su frente el sello de Ja bestia, la reprobacion y el anatema. Voy, pues, a hablar contra ellos en general, reservando para otras veces descifrar mas la materia, y voy 4 probar que la in- -diferencia en religion es ]a mayor injuria que el hombre hace al cielo. jDios Santo! He manifestado vuestra piedad en po- cas palabras; dadme ahora un lenguaje de fuego que como vibrante espada penetre en el corazon de mis oyen- tes; llenadme de la fuerza de vuestro Espiritu, para sin temor descubrir sus maldades & vuestro pueblo. Esta gracia os pido por la mediacion de vuestra Madre, 4 quien saludamos todos. reverentes. ve. Ave Maria.
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