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por verse acosado de tantos males? ; Ah, ciencia humana , cémo quedas confundida! Oid las tltimas palabras del anciano, y os enternecereis é instruireis: «Hijo mio, le dice: no temas; es verdad que pasamos una vida pobre, mas tendremos muchos bienes si temiéremos 4 Dios y nos apartaremos de todo pecado 6 hiciéremos el bien.» Al decir estas palabras, aquella mano patriarcal se alza al cielo y derrama sobre el hijo copiosas bendiciones; un ésculo santo sella sus mejillas; un casto abrazo los es— _trecha, y un torrente de lagrimas de gozo corre por las. venerandas mejillas de Tobias, de Sara y del afortunado joven. ; Ah! La poesia con sus: fingidas edades de oro no, ha llegado atin 4 pintarnos un cuadro tan patético, don- de tanto abundan la dicha y la bienandanza. ' Sigamos, pues, las pisadas de estos justos, y sere~ mos felices en la tierra, como ellos lo fueran en la ob- servancia de la ley divina. Busquemos a Dios en todas nuestras acciones ; amémosle con todo nuestro corazon, con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas, y ast tendremos, 4un en este mundo, la dicha de estar moral- mente ciertos que algun dia conmutaremos la dicha dela tierra por la bienaventuranza del cielo. Amen. t : en *

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