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- ? 4 eK ese otro, que en su fisonomia lleva delineado el espanto y el terror, 4 ese cuyas miradas siniestras indican su desasosiego, 4 ese que toma un lazo y se ahorca, 4 ese que entierra el acero en su propio corazon, 4 ese que se pri- va de lo mas precioso que tiene, de su existencia? Pues bien, sefiores; ese es, 6 un Cain que ha derramado sangre humana, y cree que lleva pintado en su rostro el asesi— nato, y que cuantos lo vean han de ser ministros de la justicia divina; ese un Achitofel, que ha hecho traicion’ 4 sus juramentos, 6 un Judas que ha vendido 4 su Maes- tro, 6 un Antioco que ha despojado el santuario. ;Ay! La cosa mas infeliz es el hombre pecador. Para confirmar esto no hay para qué nombrar 4 los Profetas; la ex— -periencia cotidiana nos ensefia que mas trabajo cuesta ser malo que bueno; la experiencia de cada uno de nos- otros quizas nos dice que cuando vivimos apartados de la ley divina andamos tristes, taciturnos y melancdlicos, y no hallamos paz ni alegria sino en el arrepentimiento. jAh! ;Cuantos me estan oyendo que no son deyorados por _la tristeza sino porque son infieles al amor divino! ;Cuan- tos que en medio de la abundancia no encuentran su di- cha, porque les falta el amor divino! Desengafiémonos al fin, amados mios; para ser feliz en este mundo no es preciso ser rico, ni obtener dignida- des, ni mucho ménos entregarse 4 los placeres y diver- siones; nuestro bienestar dichoso esta en nuestro propio corazon, y no depende de objetos exteriores; Dios es el | unico que nos beatifica en esta vida yen la otra; pero es preciso amarlo; sin el amor divino, los mismos angeles que conocen & Dios con toda perfeccion , no serian dicho- sos en el cielo, ; Ah, hijos de los hombres! Oidme para ‘que no tengais que derramar tantas lagrimas. 4 Quereis ser felices en la tierra? Observad la santa ley de Dios. 4Quereis convenceros de que ni la pobreza, ni las enfer- medades, ni las desgracias pueden quitaros esta dicha?

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