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: 185 a que tanto deleitan nuestra imaginacion; ella presenta este objeto como un patrimonio que ha de poseer con toda plenitud; siendo tan feliz en esta posesion , que ni los an- geles mismos pueden llegar 4 comprender cuanto en- cierra en si esta dicha. Concretemos estas ideas al indi- viduo; practiquelas el hombre, y yo os aseguro que la tierra no es ya un lugar de légrimas, sino de gozo; al que ame 4 Dios con el amor puro que su ley prescribe, no le hableis del Dios terrible, porque él no tiene nada que te- mer, habiéndose abrasado todo en las llamas de su cari- dad; sirve 4 Dios por amor, no por temor servil, y en- ténces se cumple literalmente lo que dice el discipulo amado: «En la caridad no hay temor; mas el amor per- fecto echa fuera el temor.»» 4Encontrareis en la tierra un hombre mds feliz? No; porque este hombre posee 4 Dios, y con esta posesion es mas grande que todos los Monarcas, mas rico que todos los opulentos y potentados, y mas instruido que todos los sabios del mundo. 4Qué digo? Se le haria una injuria formal si se le parangonasen los bienes que él posee tan sdélo en amar 4 Dios con los bie- nes que proporcionan las riquezas, dignidades y talentos del mundo. y: _ Tras de estas ideas sublimes y consoladoras vienen las que ensefia la fé sobre el hombre mismo. £1 es aquel hijo adoptivo del Sér divino 4 quien su Padre celestial ha puesto en un pais lejano para que desde él conquiste un reino de que es heredero, pero cuya posesion no pue- de darsele sino concurriendo 4 ella dos causas, que son la gratuita voluntad del que lo da y la cooperacion del que lo recibe; él sabe, por tanto, que cuanto le acaezca de adverso en el tempestuoso mundo, es cosa tan transi- toria é insignificante, como lo es el céfiro vespertino para el habil piloto de una nave que boga con tiempo bo-— nancible; él no ignora que su mayor dicha consiste en ser victima de la muerte temporal para entrar en los go-

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