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ellos su misericordia; es glorificado en los impos, por— que se echa de ver en la paciencia con que los ha sufri- — do, la bondad con que los ha colmado de bienes en esta vida, y la justicia con que condenara su obstinacion en la otra. No siendo, pues, para Dios lo provechoso de la publicacion de la ley , gpara quién sera? Para el hombre; y cuidado que no estoy hablando del premio de la vida futura, sino de la felicidad de la presente. Dios, pues, al es publicar su ley eterna en un tiempo demarcado, quiso reducir al hombre al estado primitivo de su inocencia, haciendo que fuese de algun modo feliz, ya que por su propia culpa hubiera renunciado 4 la dicha omnimoda en que fuera criado. En efecto , sefiores; de cualquier modo que considere- -mos al hombre viador , sea como persona publica 6 como privada , no lo hallaremos feliz sino en el cumplimiento de la ley. Debieran notar esto esos hombres que se dedi- _ can 4 ensefiar la historia del mundo 4 nuestros jdvenes; - debieran notar que entre todos los pueblos antiguos sdlo hubo uno en que los jueces y los Monarcas no eran arbi- trarios , en que no era condenado nadie 4 morir sino por ee los crimenes marcados en el Cédigo ; en que cada ciuda= 4 dano vivia pacificamente en su hogar; en que no habia ' pobres, pues todos eran propietarios; en que no habia esclavos ni duefios, sino una igualdad legal que unia 4 todos los habitantes de la nacion; en que el jubileo mar- cado por la ley de ritos daba la libertad al siervo, y per- donaba las deudas , y anulaba’los préstamos , cerrando asi la puerta 4 las usuras ; 4 la arbitrariedad y 4 la miseria, que eran el estado normal de los demds pueblos. Y ad~ viértase que estoy hablando con el testimonio de un in- crédulo, quien al condenar la barbarie y el despotismo de los egipcios, atenienses y romanos, tributa una memo- ria honrosa al pueblo hebreo, en cuyo seno florecieran los principios sociales y fuera respetado el hombre, y con-

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