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481 dad excité la envidia de los angeles malos; esta dicha y ‘ventura debia continuar en él y en sus hijos , habiendo Dios cifrado con decreto irrevocable la suerte de todos — los hombres en la conducta que tuviese el primero; mas habia una condicion expresa, en que se prometia vida y dicha en el cumplimiento de un precepto, muerte y des- gracia en su trasgresion. Observando Adan el manda- miento divino, el estado normal para él.y para sus hijos era la felicidad; no guardandolo, era la miseria; escogié Adan lo segundo, y no pudo legarnos mas que lagrimas, dolor, miseria, infortunios y calamidades. Preguntad ahora, si os place, preguntad al hombre mas rudo cual fué a camino por donde el primer hom- bre se precipité en la desdicha, llevando consigo 4 todos sus hijos , y os contestara que fué la inobservancia de la primera série de los Mandamientos divinos , pues al co- mer la fruta vedada, falté al precepto del amor divino, haciendo mas cuenta de la criatura que del Criador. Y atendido que los decretos de Dios son irrevocables; aten- dido que la humanidad fué condenada 4 no poseer de la tierra mas que abrojos y espinas , 4 padecer hasta morir, 4cual seria el medio mas apto para aliviar la suerte tem- _ poral del hombre? Esta claro que el medio mas 4 propé~ sito era el cumplimiento de la ley divina. . Sin embargo , los hijos de Adan, en vez de observar esta ley natural impresa en sus corazones , la miraron con el mas alto desprecio. Cuando habl6é Dios en el Monte Sagrado, la tierra gemia horriblemente bajo el peso de la idolatria; el pueblo mas. civilizado era el egipcio, y era con todo ‘tan vil y abyecto en sus creencias , que adoraba al buey, al cocodrilo, al Nilo, 4 las sierpes y hasta las ce- bollas y las demas yerbas, lo que did ocasion en tiempos posteriores 4 un filésofo para burlarse de aquel pueblo, diciendo con ironfa que era feliz, pues nacian en él los Aioses por millares. El mismo pueblo hebreo, que salié
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