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179 humana; amando una y otra lo que por naturaleza es ‘bueno, y detestando igualmente lo que por naturaleza es malo. La razon humana, en cualquier individuo que la -concretemos, no puede ponerse en accion sin asentar dos grandes. verdades; verdades fundamentales , de las que se originan necesariamente unas consecuencias que no puede negar el hombre sin contradecirse. Eleva el hombre sus ojos al cielo, y éste le esta anunciando la glo- ria del Criador; fija su vista en el firmamento, y la re- gularidad del movimiento de los astros , su muchedum- bre, su hermosura, le estan diciendo que hay una causa primera; vuelve las miradas sobre si mismo, y no le es posible reflexionar en su origen sin tener que confesar -que debe su existencia 4 otra causa, ésta 4 otra, y asi hasta venir a parar en Dios. Empieza 4 divagar por la tierra, y al momento encuentra la razon que hay otros séres en el mundo que tienen la misma forma , el mismo cuerpo, la misma alma, los mismos principios , la mis- ma oriundez , igual origen, iguales prerogativas, igual destino , identidad de naturaleza, identidad de esencia, identidad de atributos , identidad en todo; en una palabra: por do quier que vaya la razon tropieza con dos séres; uno que es superior 4 la misma razon, y otro que tiene con ella la més completa igualdad y semejanza; el, uno -es creador, es Dios; el otro es criatura: el uno es su Se- flor y su Juez ; el otro su hermano. Apenas el entendimiento humano. puede raciocinar sobre estos dos séres, sin advertir que debe adorar y amar al que es Dios y Criador, y respetar la persona del ‘que es su hermano, su igual, su semejante, su prdjimo. Esto es lo que se llama sindéresis; y existe ésta en todo hombre , por incivilizado 6 ignorante que sea: viene el hombre al mundo, y ya viene sellada su alma con esta luz divina, como dice el Profeta Rey: Signatum est super nos, etc. Empieza, pues; a existir el hombre teniendo im-

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