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puesto su corazon en el cumplimiento de esta ley. Hé aqui la materia de este discurso. Para su feliz conclu- sion pidamos sus luces al Espiritu Consolador, interpo- niendo la mediacion de su amante esposa Maria, a quien reverentes saludamos con el angel. Ave Maria. Que la felicidad del hombre en este mundo consiste en el cumplimiento de la ley divina, es una verdad que voy 4demostrar con anunciaros esta tinica proposicion: la publicacion de la ley de Dios no ha sido necesaria sino atendidas ciertas circunstancias en que se hallaba la hu- manidad. Estadme atentos. Hace cerca de cuarenta siglos que desde la esplen- dente cima del Horeb y del Sinai se fulminaron rayos y se desprendieron grandes detonaciones, mezclandose en todas la voz divina, que oia un pueblo innumerable; voz que mandaba y prohibia, voz que prometia bienes y con- minaba con castigos; voz, por fin, que instruia y exhor- taba. Era la voz de Dios que publicaba su ley. Diez son los preceptos de esta ley , cuyo objeto es el amor y ado- _ racion de Dios con toda el alma y con todo el corazon, y el del prdjimo como & si mismo; , eran acaso nuevos es- tos preceptos? No, pues la ley de Dios es eterna. La ma- teria que prohiben, jera ilicita antes de la publicacion? Si, porque las cosas prohibidas en los mandamientos, es- critos en las Tablas ; no son malas por estar prohibidas, sino que fueran prohibidas porque eran malas. Es decir, que tanto los preceptos positivos como los negativos, tanto los tres primeros , que conciernen al culto de Dios y _ 2 prohiben la idolatria, cuanto los siete, que miran la segu- ridad individual del hombre y sus deberes sociales , estan en armonia y conformidad con la razon divina y con la

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