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= iy ee Fe + ey Ets: 177 ‘ ; jOh voz misteriosa! Me hablas de aquella dicha que existe mas alla del sepulcro? gNo busco yo ésta, pues in- tento hacer felices 4 mis hermanos en este valle de la- grimas, y ellos no dudan de la existencia de la eterna felicidad?» Asi hablaba yo, cuando nuevamente oi las suaves modulaciones de la lira sagrada, y... ; qué sor- presa tan halagiiefia! «El hombre que tiene su volun- tad en la ley de Dios, ha de ser, decia de nuevo, como el arbol situado junto 4 aguas de cristalino torrente, que llevara fruto en su debido tiempo , y todo cuanto él haga ira en prosperidad y bonanza.» Con esto, sefiores, se satisfizo mi espiritu, y no pude ménos de exclamar y decir 4 los hombres : <j Albricias, mortales, albricias! ;Sois dichosos ! Dios os promete una era de paz y de bienandanza en esta vida, pero es preciso que la busqueis donde existe; para hallar esta dicha no teneis que entregaros ni d las zozobras anejas a las ri- queézas, nial desasosiego y cuidados que causan los ho- nores , ni 4 los disgustos que se originan de los placeres. No salgais de vosotros mismos, pues esta el centro de esta dicha en vuestro propio corazon ; esta la felicidad en tener fijas sus miradas en Dios, como principio y fin de todas nuestras acciones.» _ Hé aqui, amados mios, la nueva satisfactoria.y pla- ' e@entera que os traigo este dia ; hé aqui la conclusion que se deduce de los tres discursos que habeis oido. No ha- biendo dicha verdadera en las riquezas, ni en las gran~ dezas, ni en los placeres, por no estar estos objetos en analogia con nuestra alma, es preciso que exista esta felicidad en algun otro, que no puede ser mas que Dios. Si Dios es el inico-con quien tenemos afinidad , Dios es, por tanto, elobjeto de nuestra felicidad, porque lo es tam-: bien de nuestro amor intenso. Mas miéntras vivimos en la tierra no podemos amar 4 Dios si no cumplimos. con su santa ley; por tanto, es felizel hombre que-tiene TOMO I. Az
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