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* tifica 4 cuantos le aman, la imagen de Dios. _ a des- arrollar mas este pensamiento. Para que el hombre sea feliz, preciso es que % sea por el amor. Si; para que un objeto nos haga dichosos, preciso es que lo conozcamos , preciso es que lo amemos; __ mas este amor no puede ser perfecto, ni puede causar nuestra dicha, si no existe entre el amante y el amado. alguna semejanza. Enténces hay amor, y siendo éste cor-_ respondido, hay amistad; y habiendo amistad perfecta entre dos objetos racionales, hay en uno y Otro dicha > completa, segun las debidas proporciones. Por eso nds- otros amamos 4 Dios, porque somos su imagen ; por eso amamos 4 los hombres, porque todos tenemos la misma naturaleza; pero no amamos ni podemos amar, ni 4 los brutos , porque no tenemos con ellos relaciones de simi- litud, sino muy imperfectas y transitorias , ni mucho ménos atin podemos amar lo insensible y material , por- _ que dista infinilamente de nosotros. ; Ah! Existiendo el principio de nuestra dicha en nuestro propio corazon, sdlo Dios puede hacernos felices, porque sdlo Dios puede Henarlo completamente. j Qué irracionales son, pues , los hombres que cimentan su dicha en poseer objetos entre los cuales no hay similitud ni puede haber correspon dencia ! ; Qué poco aprecian la nobleza de su condicion los que asocian sus sentimientos de amor 4 objetos cor- ruptibles y negados de racionalidad y sensibilidad! Elevemos, pues, nuestros pensamientos, y pensemgs, con el Sabio, que la sabiduria y el temor divino son pre- feribles & las riquezas; que 4 su lado nada son las pie- dras preciosas , porque todo el oro, en su comparacion, es una arena menuda, y la plata es lodo al lado de esta inestimable riqueza. Al vindicar 4la Providencia divina, ultrajada por los hijos del siglo que constituyen su dicha en los tesoros, no es nuestro intento condenar las rique- zas ni los medios de adquirirlas , con tal que sean licitos \
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