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mos en el siglo del positivismo; hemos hecho grandes - adelantos, yo lo confieso, y no puedo ménos de aplau- dirlo; pero gqué progresos son éstos? No temo ser acusado - de calumniador del siglo cuando afirmo que estos ade- — lantos han sido en gran parte en desear tener oro y mas oro; riquezas, dinero, placeres; son las tres grandes pa- — lancas que sostienen el edificio de lo positivo del siglo. Los grandes han pedido mas tesoros que los que sus pingiies patrimonios les producian, para poder satisfacer las desmedidas exigencias de un siglo vano, y han tenido que arrojarse en los brazos de los usureros, Los trafican- tes no han encontrado suficiente oro en un comercio licito, natural y religioso, como Dios lo estableciera en las na- ' ciones desde el principio, y han echado mano de la usura, como el medio mas apto para alcanzar cuanto deseaban. _Los proletarios han suspirado por el oro, y, no teniendo capacidad para ganarlo, se han alistado bajo las bande- ras de falsas doctrinas , en que se les dijo que no habia en el mundo derecho de propiedad, que la tierra era de todos, con otros mil y mil errores que han trastornado al mundo social, y convertido las mas populosas ciuda- des en madrigueras de tigres y leopardos, que mutua- mente se devoran. ,Creeremos acaso que esas escenas horribles de que és testigo este siglo, escenas en que los habitantes de un mismo pueblo se han levantado en ma~ sas organizadas para apoderarse de los bienes ajenos, son escenas casuales, originadas de algun acontecimiento inesperado? No ciertamente, no. Paulatinamente y de tiempo atras se ha ido radicando en la sociedad un lujo desenfrenado, unos gastos los mis irracionales; porque hoy dia nada es gastar en un solo conyite las rentas de un ato; este lujo desenfrenado ha ido cundiendo entre las masas; todos quieren aparentar en su traje opulencia, en sus mesas esplendidez, en su comportamiento exte- rior afluencia de caudales; en una palabra, el oro es el \ a :

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