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venta el arte para deleitar 4 los hijos del siglo; rebosan “gus arcas en tesoros, penden de sus armarios riquisimos diamantes y perlas; la seda, el brocado, la ptirpura y el blanco cendal son el ornamento de su cuerpo; el alabas- tro, el zafiro y los mas preciosos marmoles han servido para fabricarle una erguida morada; criados fieles , ami- gos numerosos, vasallos sumisos, objetos sensusles’ en fin, todo lo que en muchos siglos de experiencia y refion- “miento ha producido la ingeniosa vanidad, abunda en su derredor; al verlo, todos dicen con espontaneidad: «Ese es un hombre bien rico.» Sin embargo, ges feliz? gEs aca- _ so verdaderamente rico? j;Ah! amados mios; todo esto, y mucho mas, poseyera uno de los hombres mas opulentos que ha habido en la tierra; ninguno ha podido gloriarse sino él de que en su nacion abundase el oro y la plata como las piedras; ninguno ha tenido mesas tan esplén- didas y regaladas ; ningtno se ha entregado tan sin re- serva &los halagos del sentido; este hombre era Salo- mon; él mismo va 4 decirnos cuanto hizo para enrique cerse , y él tambien nos dird si fué feliz 6 desdichado en medio de sus tesoros. «Yo, dice, fui rey de Israel en Jerusalen; vi cuanto hacian los hombres, y todo es vanidad. Dije entre mf mismo: «Iré, y abundaré en riquezas y delicias;» engran-_ deci mis obras, edifiqué casas, y planté viiias. Hice jardi- nes y verjeles, y plantélos de toda clase de arboles, colo- cando entre ellos fuentes deliciosas. Posei siervos y escla- vos, ganados y rebaiios, como no tuviera ninguno de los que me precedieran. Amontoné para mi oro y plata, apro- piando la sustancia de los Reyes y de las provincias; bus- . qué cantores y cantatrices, y todas las delicias de los hi- jos de los hombres.Y superé en riquezas 4 cuantos me pre- cedieran en el trono. No negué 4 mis ojos nada de cuan- to desearan, ni prohibi 4 mi corazon que gozase de todo placer y se deleitase en las cosas que habia yo prepara—
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