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-manas, y sia la Religion, pues cuanto ésta ensefia es s6- lido, estable y eterno, y cuanto nos presenta el mundo es vanidad y afliccion de espiritu. Vidi cuncta que fiunt sub sole, etc. - Hé aqui, sefiores, una gran materia, en cuyos des- lindes es preciso detenerse con atencion y sacar conclu- siones provechosas. Es desde luégo indudable que Dios quiere que el hombre sea feliz, y que para ello le ha dado los medios suficientes; es tambien mas que cierto que debe trabajar el hombre por dulcificar en algun modo su amarga peregrinacion de este mundo; y, en efecto, todos los afanes que tanto absorben la atencion humana, no tie- nen otro objeto. Pero es necesario examinar si lo que ha- cen los hombres es lo que ha intentado Dios; es preciso ver si la dicha y felicidad estan donde el hombre las bus- ca; es preciso-dilucidar si lo que la razon depravada llama dicha, lo es en realidad. Riquezas, honores, placeres: ved cuanto apetece una razon rastrera y un sentido lleno de corrupcion; esta es la panacea universal que el mun- do da 4 sus hijos para aliviarlos en esta misera vida; este el hilo de todas sus obras, y 4 la adquisicion de estos tres objetos tiende toda la vigilancia del mundo. Exami- nemos, pues, si el mundo se engafia, para no seguir nos- otros sus erradas maximas, y vivir en losucesivo mejor aconsejados. Yo, siguiendo la doctrina del Espiritu San- to, y hablando segun las convicciones que la experiencia ha engendrado en mi débil entendimiento, diré desde luégo que todos los afanes del hombre para conseguir riquezas y honores no son mas que vanidades y aflic- cion de espiritu: Vidi cuncta, etc. Y en conformidad con aquella doctrina revelada, siento una proposicion de eterna verdad: «No esta la dicha del hombre en las ri- _ quezas.» Ved lo que ocupardé vuestra atencion religiosa en este momento. Virgen sagrada, que en trono de gloria resides senta- aces c es;

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