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gundo, el de pailee? que existe una vida venidera , en la cual el hombre ha de poseer el Bien sumo en toda la extension de que es capaz, porque su instinto y su razon lo llevan necesariamente 4 la adquisicion de la dicha por todos los medios que estén 4 su alcance ; y no encontran- dola en cuanto hay en el mundo visible, necesariamente la ha de encontrar en el invisible, 4 no ser que quera- mos acusar 4 Dios de injusto, por haber criado un sér ‘espiritual con propension é instintos hacia una dicha que no existe, lo que seria la mas inconcebible quimera. Es decir, sefiores, que ese gran movimiento de la humanidad, esa incansable agilidad con que el espiritu humano vuela de céleulo en calculo, de empresa en em- presa, es el cumplimiento de las miras que Dios tuviera al criar al hombre. Dios quiso la dicha omnimoda de su criatura privilegiada, y, no obstante la degradacion en que se sumié toda la estirpe de Adan por su apostasia, se le quedaron al hombre medios abundantes que pudie- se utilizar en beneficio suyo, con cuyo empleo fuese ver- daderamente feliz en ambos mundos: en el material, donde peregrina, y en el espiritual, donde reina. Hé aqui, amados mios, una materia bien halagiiefia: la feli- cidad del hombre en la tierra y en el cielo; para creer en la dicha que se nos reserva en éste, no hay mas que elevar la vista al firmamento, y 4 su aspecto la razon misma, independientemente de la revelacion, nos insintia que existe alla algo de sobrehumano y de beatificador, reservado. ‘inicamente para aquella -criatura que entre todas las visibles tiene el privilegio de mirar al cielo y de contemplar su hermosura: para el hombre. Para creer en la dicha que en la tierra misma nos proporcionara el Criador, es préciso entregarse 4 las sublimes inspiracio- nes de la Religion; porque jah! el hombre feliz no pue- de deber su dicha en este valle de lagrimas ala razon, ni 4 la filosofia , ni 4 la politica, ni 4las combinaciones hu- isda aia tania

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