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comprendan todos que no hay dicha en los placeres. De- seaban aquellos hombres ser de la naturaleza de los irra- cionales, porque, por mas que refinasen sus bacanales, no llegaban al ultimo grado de la satisfaccion que buscaban. gSabeis por qué? Porque por mas que el hombre quiera ~ vivir como un bruto, sin pensar mas que en diversiones y placeres , no le es posible desprenderse de su conciencia, de ese juez molesto que esta aguijoneando al hombre sin cesar, que le hace reflexionar sobre sus propios caminos, que le dice cuando busca placeres: «Tu dicha no esta ahi.» Porque el hombre puede llegar con sus deseos 4 lo mas vil 6 infame: pero apenas ha llegado 4 ejecutarlos, el - alma se acordaré de la nobleza de su origen, de su natu- raleza espiritual , de sus destinos em el porvenir, y recha- zara la sensualidad con noble desden, llorando en segui- da su degradacion y la pérdida 4 que se expone de los placéres eternos de la gloria. Hé agui, amados mios, la razon ‘esencial por qué el hombre no encuentra en 108 placeres la dicha que pre- tende. ; Ah! ; Y pluguiese al cielo que en su lugar no ha- Hase la infamia y la desventura! ;Cuantos infelices’ han bajado prematuramente al sepulcro, llevando 4 su lébre= ga mansion la librea del crimen y los caractéres infames_ de su idolo! ; En cnantos se cumple la sentencia terrible del Espiritu Santo, que conmina con la podre 4 los mis- mos huesos de los que’cometen excesos dignos de con- fusion ! jJonataes infelices, que por haber gustado un poco miel son condenados 4 una muerte mucho mas cruel y acerba que Ja que iba 4 sufrir aquel desventurado hijo por una desobediencia involuntaria! ; Miseros cautivos que, desterrados en la Babilonia del mundo, en vez de sentarse cerca de la corriente de su rio, se precipitan en él, como dice admirablemente San Agustin, se sumergen y dejan llevar del torrente de la vanidad y de los place= res, aunque al fin perezcan tristemente!
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